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Soy Juan Pablo Ramírez-Galvis (Vidente Jun). Te ayudo a superar traumas, resolver preguntas, predecir acontecimientos, romper bloqueos y restaurar tu vitalidad.

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Hay experiencias dentro del camino espiritual que no se buscan… simplemente ocurren.
Esta es una de ellas.

Decidí escribirla no para generar miedo ni dramatismo, sino porque creo que hay aspectos de la magia de los que casi nadie habla con honestidad.

El ritual

Era luna llena.
Realicé un ritual de amor sencillo pero cargado de simbolismo: una vela roja embadurnada con miel, pétalos de rosa roja y un papel blanco con los nombres escritos en esfero rojo, colocado en la base de la vela.

No lo hice desde la desesperación, pero sí desde una intención emocional fuerte.
Había expectativas, deseos y una carga afectiva que, aunque no siempre se reconoce, influye profundamente en este tipo de prácticas.

Encendí la vela, me concentré, cerré el ritual como acostumbro y luego me fui a dormir.

Hasta ahí, todo parecía normal.

La sensación inesperada

Ya en la noche, en un estado entre el sueño y la vigilia, empecé a sentir algo difícil de explicar con palabras.

No era miedo.
No era una pesadilla.

Era la sensación clara de estar en dos lugares a la vez.
Como si una parte de mí no estuviera completamente en mi cuerpo, sino ligada al lugar donde había quedado la vela encendida.

La imagen que me venía a la mente era extraña: como si el ritual hubiese absorbido algo de mi atención, de mi energía o de mi presencia emocional. No de una forma violenta, sino sutil, silenciosa.

No sentí pánico.
Sentí desconcierto.

Lo que NO creo que pasó

Quiero ser muy claro con esto.

No creo que la vela “se haya llevado” una parte de mí, ni que algo externo me haya arrebatado nada. Tampoco interpreto la experiencia como un ataque o una consecuencia sobrenatural peligrosa.

La magia no funciona así.

Lo que SÍ entendí después

Con el tiempo y la reflexión, comprendí que lo que viví fue una entrega emocional profunda que no había anticipado.

Un ritual no es solo objetos, colores o fases lunares.
Es también:

  • estado mental

  • expectativas

  • deseo

  • cansancio

  • sugestión

  • simbolismo acumulado

La luna llena, el silencio de la noche y la carga afectiva hicieron que entrara en un estado de conciencia muy intenso. Mi mente y mis emociones estaban tan enfocadas que la experiencia se manifestó como una sensación de desdoblamiento.

No fue algo externo tomando de mí, sino algo interno abriéndose más de lo que esperaba.

Una reflexión necesaria sobre los rituales de amor

Los rituales de amor no son inocentes ni ligeros, aunque muchas veces se presenten así en redes o blogs.

No porque sean “oscuros”, sino porque trabajan con:

  • apego

  • deseo

  • expectativas emocionales

  • proyección hacia otra persona

Cuando no se hace una reflexión previa, el impacto puede sentirse de formas inesperadas.

Esto no significa que no deban hacerse, sino que deben hacerse con:

  • conciencia

  • límites claros

  • responsabilidad emocional

Lo que aprendí

Aprendí que la magia no siempre responde como uno espera, pero casi siempre refleja el estado interno desde el que se practica.

Aprendí que no todo lo intenso es negativo.
Y que sentirte vulnerable después de un ritual no es señal de debilidad, sino de apertura.

Y, sobre todo, aprendí que hay experiencias espirituales que no necesitan ser explicadas del todo para ser comprendidas.

Para quien esté leyendo esto

No escribo esto para que repitas lo mismo que hice.
Lo escribo para que entiendas que el camino espiritual también tiene momentos extraños, confusos y profundamente humanos.

Si decides trabajar con rituales, hazlo con respeto, pero también con autoconocimiento.

La magia empieza dentro.

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